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FAQS

Cabecera desigualdad

De qué hablamos cuando hablamos de Desigualdad

Los ricos más ricos, los pobres más pobres: es una tendencia que va en aumento. En el siglo XXI no podemos avanzar en la lucha contra la pobreza si no abordamos el problema de la desigualdad económica.

Los sistemas políticos e instituciones, que deberían representar y defender a los ciudadanos, favorecen leyes y normativas que benefician y amparan a las élites económicas. Y por otro lado, recortan en salud, educación y subsidios. El resultado: ventajas para unos, desventajas para otros. Tanto en cargas fiscales, que recaen mayoritariamente sobre los asalariados, como en tratos de favor a empresas, bancos y fortunas privadas. Cuando los grupos e individuos con intereses económicos influyen de forma sistemática sobre las instituciones públicas se perpetúa una situación de injusticia.

La pobreza y la desigualdad son problemas globales y por tanto tienen soluciones globales. La desigualdad extrema es evitable. Es una cuestión de prioridades y de voluntad política, de que los Estados pongan en marcha mecanismos para disponer de más ingresos, combatiendo el fraude fiscal, la evasión y la elusión fiscal, recaudando de manera más progresiva y justa y utilizando esos recursos en políticas públicas que beneficien al conjunto de la población, no sólo a unos pocos. La situación actual se puede cambiar, como lo demuestran las medidas tomadas en algunos países en los que trabajamos, principalmente en América Latina.

Para combatir la desigualdad, proponemos 3 medidas concretas:

  • Sistemas fiscales justos y progresivos, que permitan a los países aumentar los recursos propios y ponerlos al servicio de la lucha contra la pobreza y la desigualdad.
  • Prioridad para las políticas públicas (incluida la cooperación al desarrollo).
  • Participación de la ciudadanía activa para construir  un sistema democrático sólido y plural.