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FAQS

Comercio justo

Kamil Kupir

Poder enviar a los hijos a la universidad

Kapil Kumir es un artesano especializado en el estampado en telas, que trabaja para la organización Asha Handicrafts.
Gracias a que su trabajo es exportado bajo los criterios del comercio justo en los países más desarrollados, ha logrado que sus dos hijos puedan seguir estudios universitarios.

(c) Pablo Tosco/ Oxfam Intermón

El salario de Kapil depende de los encargos pero, más o menos, llega a las 15.000 rupias al mes (unos 250 euros)

Kapil Kumir está orgulloso de su taller de telas en el pueblo de Jaipur, región del Rajastán.

(c) Pablo Tosco/ Oxfam Intermón
"Empecé a trabajar con la organización de comercio justo Asha Handicrafts el año 2000, debido al poco trabajo que tenía en el mercado local. Desde que Asha exporta mis telas en los países del Norte, tengo bastante trabajo, y mis artesanos también".

Kapil Kumir vive en un pequeño pueblo cerca de Jaipur, la capital del Rajastán indio. Ankit, el hijo menor del artesano, de 16 años, está estudiando español en la universidad ¡Increíble! Una visita a terreno a un artesano de un grupo productor permite darse cuenta de cosas como ésta: hasta dónde pueden llegar los beneficios sociales del comercio justo.

Y ni Ankit, ni su hermano Pankaj, piensan continuar el negocio familiar. "Tienes que trabajar muy duro -dicen- y no ganas mucho". Los hijos varones del artesano Kapil Kumar han tenido acceso a la universidad y pueden elegir. Kapil Kumar no tuvo ninguna oportunidad de decidir su futuro. Su abuelo y su padre eran estampadores de telas y él sería estampador de telas.

Desde pequeño aprendió el oficio, casi sin querer, supo que el sol era imprescindible para el trabajo de su padre: "si no se pueden secar las telas, no se pueden estampar y no se pueden servir los pedidos". Ahora tiene 50 años y unos ojos que sonríen con ternura. Vive en Sanganiyer, un pueblo de 50.000 habitantes, a 17 kilómetros de Jaipur, y emplea a tres artesanos.

"Empecé a trabajar con la organización de comercio justo Asha Handicrafts el año 2000, debido al poco trabajo que tenía en el mercado local. Desde que Asha exporta mis telas en los países del Norte, tengo bastante trabajo, y mis artesanos también. Cobran 3.000 rupias al mes (unos 48 euros) y tienen 'carné de artesano', lo que les da derecho a beneficios sociales, como medicamentos", explica orgulloso.

Aunque a nuestros ojos occidentales parezca imposible, es casi el doble del salario mínimo, 1.740 rupias. El salario de Kapil depende de los encargos pero, más o menos, llega a las 15.000 rupias al mes (unos 250 euros), un buen sueldo, teniendo en cuenta que asume todos los costes de producción él mismo.

Autora: Paca Tomás. Octubre 2009