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FAQS

Angélica, Carlota y Juana

EN PRIMERA PERSONA: Cuando comer tortas de maíz no basta

“Aquí no consigo lo que me recomendaron que le diera a mi hija… lo que hago es darle de comer hierbas, lo común que se consigue en la comunidad. No tengo suficiente dinero para hacer gasto”. Quien habla es Angélica, una mujer quiché de Guatemala. A su hija Sinde, de 4 años, le diagnosticaron desnutrición crónica. Este trastorno alimentario afecta al 49% de los menores de 5 años en el país, cifra que se eleva al 68% entre los niños y las niñas indígenas.

(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Debido a la situación de inseguridad alimentaria que afecta a la comunidad de Pamaria en el municipio Santa Lucía La Reforma, en el suroeste de Guatemala, a la hija de Juana le han diagnosticado desnutrición grave.

(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón
“Ya buscamos varias formas y no encontramos cómo alimentarla. No hay trabajo, no tenemos tierra, ya se acabó el dinero”

Angustiada es el adjetivo que mejor define el sentir permanente de Juana, una mujer indígena guatemalteca. No encuentra los recursos para alimentar a su hija de dos años a quien diagnosticaron desnutrición crónica. Entonces surgió la desesperación: “Ya buscamos varias formas y no encontramos cómo alimentarla. No hay trabajo, no tenemos tierra, ya se acabó el dinero”.

La mayoría de familias campesinas indígenas trabajan como temporeras en fincas de terratenientes a cambio de un sueldo de miseria. Algunas familias consiguen alquilar una parcelita donde cultivan para el autoconsumo. “No tenemos ningún terreno ni nada. Sólo alquilamos un terreno para ir a sembrar maíz, frijol… Pagamos una cantidad para alquilar el terreno pero no tenemos nada, sólo esta casa” nos cuenta Carlota, una campesina quiché.

El hambre en Guatemala es crónica y desestabilizante

En los centros de salud piden a las madres que, aparte de las tortas de maíz, les den a sus hijos e hijas papas, plátano, aguacate, huevos, leche… Alimentos ricos en proteínas y vitaminas. “Cuando mi esposo termina de trabajar, durante una semana puedo darles a mis hijos lo que me dicen que tengo que darles. A veces les compro ropa, pero con lo poco que ganamos, mis hijos no comen bien, casi no compramos las verduras que debería darles” explica Carlota.

La subida constante y sostenida del precio del maíz, básico en la dieta de la población más pobre, es la gota que ha colmado el vaso en muchos hogares guatemaltecos, donde el 66% de los ingresos se usan para comprar alimentos. Angélica, la madre de Sinde, nos lo confirma: “Con el aumento del precio de la canasta básica, no nos alcanza. No sólo compramos comida, también cosas para lavar la ropa, como jabón. Y no nos alcanza. Ahí se va el poco ingreso que tenemos”.

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