info@OxfamIntermon.org | 902 330 331 | 933 780 165

FAQS

El agua limpia salva vidas

Sauda Hamid se levanta todos los días a las cuatro de la madrugada. Dedica más de cinco horas al día a ir a buscar agua para su familia cargando dos grandes cántaros de veinte litros. Va muy lejos, para tener agua de mejor calidad, y ello le resulta tan agotador que tiene que parar varias veces durante el trayecto para descansar. Sin embargo, Sauda siente que todo ese esfuerzo no es suficiente. Cada veinte segundos, una madre pierde a un hijo por falta de agua limpia en el mundo. Sauda no es una estadística, sino una realidad palpable. Ha perdido ya a dos niños; uno de ellos se extravió y murió de sed con ocho años. Todos los días, la obsesión de esta mujer de 28 años es la supervivencia de los seis hijos que viven con ella.

Texto: Belén de la Banda, periodista del Departamento de Comunicación · Fotos: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Sequías, crisis, cólera, desnutrición

La región de Guéra, situada en la zona del Sahel que separa el norte y el sur de Chad, sufrió una epidemia de cólera en el año 2010 y sequías recurrentes que desataron una crisis alimentaria muy grave en 2012. Actualmente, en esta región el agua se consigue con dificultad y hay más niños malnutridos que en 2012: entre un 15 y un 17% sufren malnutrición aguda o severa. Estamos ante una crisis que, al no haber sido declarada como tal, no se está tratando, lo cual implica que hay una gran cantidad de niños cuya vida estará en riesgo si no reciben atención y tratamiento con urgencia.

La hija pequeña de Sauda, Ramla, que ahora tiene tres años, sufre diarreas recurrentes. En el hospital insisten en que todos estos trastornos digesti- vos se deben a la mala calidad del agua. Su pueblo, Am Ourouk, está a 50 kilómetros de Mangalmé, la capital del distrito, a la que se accede por una pista peligrosa que se inunda en la estación de lluvias. No es fácil llegar al hospital (dos horas y media de ida y otras tantas de vuelta, a lomos de un asno) y tampoco lo es conseguir dinero para pagar la consulta y los medicamentos. Cada enfermedad de sus hijos es un signo de alarma para Sauda. Mientras pueda, evitará que su bebé de cuatro  meses, Hassaballah, beba del agua que produce las enfermedades.

Agua sucia y enfermedades

El agua que recogen en la estación de lluvias es turbia y tiene consecuencias sobre su salud. Disentería, diarrea, malnutrición y malaria son enfermedades frecuentes. “A veces lavo muy bien un recipiente y lo pongo sobre el tejado para recoger agua de lluvia. Después conservo esa agua tapada dentro de casa. Hago todo esto para evitar las enfermedades. Mi pequeñita bebe de esta agua”, explica Sauda.

La falta de agua y la falta de agua de calidad pueden ser vectores de enfermedad. En la región de Guéra, donde ella reside, eso es algo que se vive a diario. Según el responsable del Centro de Nutrición Infantil del Hospital de Mangalmé, Benjamin Dinitola, allí “la malnutrición está ligada al agua potable, porque el organismo de los niños no está adaptado como el de los adultos. Un niño puede consumir agua contaminada al beber junto con los animales, como ocurre a veces. Su organismo no se adapta y esa agua le causa malnutrición. Esta es la primera causa. La segunda es la pobreza”.

Tres meses para todo un año

La estación de lluvias dura aquí de julio a agosto. Es el período clave para que las familias hagan la cosecha principal del año, para lo cual trabajan intensamente muchas horas al día. Son hogares de entre ocho y once personas, donde prácticamente todo el trabajo se realiza a mano, con herramientas sencillas. Si una de las personas adultas de la familia cae enferma durante la estación, correrá peligro la supervivencia de todos. Las lluvias dejan charcas en las zonas deprimidas, y en ellas se concentran los insectos, que se convierten en un vector de enfermedades como la malaria. En Am Ourouk nos hablan de diarreas, enfermedades de la piel, paludismo... Pero las estadísticas del Hospital de Mangalmé van mucho más allá en la incidencia que las enfermedades producidas por el agua tienen en esta región: fiebres tifoideas, esquis tosomiasis, parasitosis, disentería, amebiasis, infecciones urinarias..., o la temida oncocercosis, la segunda causa de ceguera en el mundo.

En un lugar donde las sequías son recurrentes y el agua se consigue con dificultad, mantener la higiene es también difícil y solo el 6% de la población de estas zonas rurales tiene una letrina en casa. Por eso,disponer de puntos de agua no es la única solución. Para que haya agua limpia y salud en una comunidad, es preciso trabajar sobre los hábitos cotidianos de sus habitantes. Ese es el objetivo de los programas de Oxfam Intermón en la zona: cambiar de forma total la situación de agua, higiene y saneamiento en una comunidad completa.

Pozos que cambian vidas

Eso es lo que ha ocurrido en los últimos años en Dirbeye, uno de los 35 pueblos en los que Oxfam Intermón trabaja para facilitar higiene y saneamiento integral. Maïmouna Souleimane, profesora de árabe en la escuela del pueblo, recuerda cómo ha cambiado su vida desde la llegada de Oxfam Intermón: “Cuando no había agua, todo era muy diferente. Cada viaje para buscarla suponía unas dos horas de trayecto. Por la mañana iba tres veces, y por la tarde, dos”. Diez horas al día para recoger agua significaba perder toda una jornada laboral. “Antes de tener un punto de agua en el pueblo, no tenía tiempo para trabajar en el colegio. Hace poco que he podido empezar a hacerlo”, afirma. Con 48 años ha conseguido hacer realidad sus expectativas laborales y ya tiene dos nietas.

“La vida comenzó de verdad cuando tuvimos el pozo.” Es la percepción que tiene Idriss Absoura, padre de diez hijos y presidente del Comité de Higiene de Dirbeye. Para Maïmouna y muchas otras mujeres, tener agua cerca supuso disponer de una gran cantidad de tiempo. “Son las mujeres las que se ocupan de ir a buscar el agua y llevarla a casa. Antes buscaban el agua muy lejos, a una hora de ida y otra de vuelta. Actualmente, si una mujer va a buscar agua, dedica como máximo 15 minutos para ir y volver. No hay que hacer cola”, certifica Idriss.

Proteger la fuente

En esta comunidad, una de las actuaciones prioritarias fue cerrar el pozo para aislarlo de la presencia de animales y otros riesgos contaminantes. “Ya sea un pozo abierto o excavado, si no está cercado, el viento puede llevar suciedad (pequeños plásticos, basura, etc.) al punto de agua. Y eso es malo. Así, pues, hay que cerrar el punto de agua. Y también hay que limpiarlo bien, por dentro y por fuera. Además, las mujeres que vienen a buscar agua tienen que traer recipientes que se puedan cerrar, como bidones o cántaros”, comenta Idriss.

Otra de las revoluciones de Dirbeye, quizá la más visible actualmente, es el grado de implicación de todas las familias, patente en la limpieza de sus patios y casas. Un comité de higiene constituido por siete personas y coordinado por Idriss, con apoyo de los técnicos de Oxfam Intermón, organiza tres sesiones de sensibilización al año: “Reunimos a todo el mundo. El comité informa a las mujeres, que vienen de todas partes para reunirse y recibir la sensibilización”. Pero el comité  también  aprovecha todas las oportunidades informales de sensibilización, ya sin técnicos de Oxfam, para que el impacto sea mayor: “Cuando nos sentamos a charlar, o cuando nos ayudamos en el campo, son ocasiones para sensibilizarnos. Cuando hay un funeral y la gente se reúne, o en el mercado, o por ejemplo ahora que estamos hablando y no tenemos nada que hacer, podemos hablar de la higiene. Todo suma”. 

La hora de comer

Algunas prácticas tradicionales habituales, como por ejemplo las de las comidas, se han transformado. Y era importante, puesto que el alimento principal es una masa de cereal cocido (la “bola”) que se come directamente con las manos, impregnándola de una salsa: “Antes de comer, todos nos lavamos las manos con jabón. Esto ha supuesto un gran cambio. Antes, cuando estábamos comiendo y alguien llegaba más tarde, metía la mano directamente. Ahora nadie come sin antes lavarse las manos”.

Emmanuel Ratou es uno de los técnicos del equipo de Oxfam Intermón que han logrado este cambio. Se siente muy orgulloso de participar en un proyecto que beneficia a más de 48.000 personas en 35 pueblos. En cada uno de ellos, explica, “las relaciones sociales se tejen en torno al pozo o la fuente. Allí, durante la recogida del agua, las mujeres hablan de sus dificultades, charlan, ríen, comentan las actividades de sus casas, etc., porque no tienen siempre la posibilidad de estar juntas. Ir al pozo tiene una importancia capital en las relaciones sociales, y eso crea cohesión social”.

Comunidades protagonistas

La clave principal es el trabajo mano a mano con la comunidad: “Tenemos que entender cómo viven y reflexionan las personas de cada comunidad para poder darles mensajes clave y ayudar a que cambie la vida de todos sus miembros”, afirma Emmanuel. La animación de técnicos como él y el seguimiento del comité logran que cambien los hábitos y se construyan letrinas en un proceso dirigido por la propia comunidad.

Entre los objetivos para los próximos meses está Am Ouruk, el pueblo de Sauda. Seguro que para ella y para sus niños comenzará entonces una nueva oportunidad.

Diciembre 2014

Ayúdanos a llevar agua limpia a más niños y niñas
Haz un donativo ahora