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FAQS

Plantemos cara al hambre

Plantemos cara al hambre

“A veces pasábamos un día entero sin comida y nos íbamos a dormir sin tener nada que comer.”
Liliosa, 16 años (provincia de Masvingo, Zimbabue)

Después de cinco años de sequía severa en Zimbabue, las lluvias llegaron de forma torrencial provocando devastadoras inundaciones. La agricultura se hizo casi imposible. Las reservas se agotaron. Más de 4 millones de personas se enfrentan a una grave crisis alimentaria.

En épocas de sequía e inundaciones, no sólo cuesta encontrar comida. El agua está muy lejos de las casas y totalmente contaminada. No tienen fuerzas para caminar hasta la fuente de agua limpia más próxima, ni los niños para ir a la escuela y, si es que logran llegar, a duras penas pueden atender en clase.

“Hay momentos en que las cosas se ponen realmente difíciles y me pregunto cómo voy a cuidar de estos dos niños... sin comida.”
Liliosa, 16 años

Durante los momentos más duros de la sequía, Liliosa superó el hambre con una transferencia mensual en efectivo de unos 6 euros que le hacíamos desde Oxfam. “Me las arreglé para comprar comida y por lo menos podíamos sobrevivir”, nos cuenta.

Liliosa cuida de su hija Nokutenda, de un año, y de su hermana de 13 años, Letwin, quien nació con VIH.

Contigo seguiremos apoyando a Liliosa y lograremos que su pequeña familia pueda progresar

“Machacábamos piedras para hacer grava e intentábamos venderla a los constructores para conseguir comida.”
Florence Zivambiso, 71 años

“Fué muy duro. A veces pasábamos hasta tres días sin comida”, añade Florence. A mujeres como ella les hemos distribuido teléfonos móviles. Enviamos SMS con saldo que ellas pueden canjear en puestos de comestibles. Este sistema innovador permite llegar a zonas muy remotas, refuerza el mercado local, da flexibilidad y les dignifica.

“La llegada de Oxfam a mi vida fue un gran alivio. Ahora puedo dormir tranquila” nos contaba cuando recibía el SMS. Ahora ya no le llegan. El fondo se ha agotado..

Contigo Florence recuperará la alegría y la contagiará.

“Es traumático cuando no tienes agua. Piensas en el agua para beber, para el ganado, para todo. ¡El agua es vida! Y, no la tienes.”
Jane Tizvigoni, 56 años

Jane preside el comité de agua del pozo de la escuela primaria Zvehuru que hemos rehabilitado, dando acceso a agua potable a 500 escolares y a 3 pueblos cercanos.

“Cada vez hay menos enfermedades transmitidas por el agua, los casos de cólera han desaparecido.” Nos explica con orgullo cómo ha recibido formación para conservar bien el pozo y sus alrededores. Ahora es ella quien forma a la comunidad en temas relacionadas con la higiene.

Contigo podemos conseguir que desaparezca la diarrea y la desnutrición causada por el agua en mal estado.

“No hay nada más difícil que enseñar a un niño enfermo.”
Imanuel Tabe, 47 años

Imanuel nos cuenta que cuando no tenían el pozo funcionando, algunos niños y niñas faltaban a clase porque sabían que no tendrían acceso a agua. Algunos van andando unos 6 o 7 km de distancia. Muchos se quedaban en casa o desaparecían en la pausa para ir a recoger agua, en la mayoría de casos en mal estado. Esto les enfermaba, y afectaba al proceso de aprendizaje.

“Ahora los alumnos pueden ir a la fuente y en solo cinco minutos ya están de vuelta. Tienen tiempo para comer y para jugar en la pausa. La asistencia a la escuela ha mejorado”.

Contigo podemos lograr que el agua potable llegue a más escuelas y comunidades.

CONSTRUYAMOS UN FUTURO PARA TODO EL MUNDO

“Veo desechos humanos corriendo por el río. Sólo los empujo a un lado y sigo buscando mi agua. Pero sé muy bien que es peligroso.”
Ida Bere, 40 años

Plantemos cara al hambre

Ida pasa nueve horas cada día, caminando de ida y vuelta al río más cercano para recoger agua para su familia, y es agua en mal estado. "El tiempo que se pierde caminando para ir a buscar agua es un tiempo productivo que se desperdicia. Si pudiéramos acercar el agua al lugar donde vivimos, sería un tiempo productivo que nos ayudaría a hacer al menos algo para mejorar nuestro sustento".

Todavía no hemos podido llegar a trabajar en la comunidad de Ida. Ella, en sus caminatas, piensa en qué podría dedicar su tiempo y sus energías, iniciativas que le podrían sacar de la pobreza.

Contigo defenderemos a las mujeres que no se rinden y piensan en el futuro.

Desde 1988 trabajamos en Zimbabue. El ciclo de la pobreza parece no tener fin. Sequías, inundaciones, empobrecimiento, hambre. El testimonio de Liliosa, Jane, Florence, Imanuel nos muestran que es posible romperlo. Pero necesitan nuestro apoyo.

Miles de familias están trabajando duro para lograr transformar sus vidas y salir de la pobreza. Queremos poder llegar a la comunidad de Ida, y si obtenemos más fondos, estar junto a 189.000 personas más.

Plantemos cara al hambre. Hoy. Con tu apoyo podemos lograrlo.

Plantemos cara al hambre

CONSTRUYAMOS UN FUTURO SIN POBREZA