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FAQS

Acaparamiento de tierras

La compra de grandes extensiones de tierra para monocultivos para la exportación o para la producción de biocombustibles, está provocando hambre y violando derechos humanos en muchos países en desarrollo.

(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

Amalia, campesina e indígena q’eqchí de Sayaxché (Guatemala), es de las pocas de su comunidad que no vendió sus tierras a las empresas de palma africana. Hoy su parcela está rodeada por las plantaciones de palma y tiene que pedir permiso para llegar a ella. Además tiene serias dificultades para sacar la cosecha. (Su nombre ha sido modificado y la fotografía pasada a blanco y negro para proteger su identidad)

(c) Pablo Tosco / Oxfam Intermón

En la última década se vendió una extensión equivalente a cuatro veces el tamaño de España (203 millones de ha). Una superficie en la que se podrían cultivar alimentos para mil millones de personas, el mismo número que cada noche se acuesta con hambre en todo el mundo. África es una de las regiones más afectadas por esta "fiebre” mundial por la tierra. En tan sólo diez años, inversores extranjeros han adquirido terrenos agrícolas cuya superficie total equivale al tamaño de Kenia.

El problema de estas grandes transacciones de tierras  no es que se trate de inversión extranjera, sino que se realizan por gobiernos o empresas de forma opaca o poco transparente, que provocan violaciones de los derechos humanos, destrucción de los medios de vida de las comunidades que dependen de la tierra para subsistir y desplazamiento forzoso de personas.

Por ello, Oxfam Intermón, junto con la coalición Oxfam, hemos emprendido dos grandes campañas de movilización ciudadana. Una para pedirle al Banco Mundial que suspenda las grandes transacciones de tierra  hasta establecer los mecanismos legales  para hacerlo de una forma más justa.

La otra para pedir al presidente de Guatemala, Otto Pérez Molina, que cumpliera sus compromisos y devolviera tierras y viviendas a 769 familias del valle del Polochic, que fueron violentamente expulsadas de sus tierras hace dos años y que aún siguen viviendo en condiciones de miseria, sin tierras donde cultivar alimentos ni casas donde criar a sus hijos. 

Gracias al apoyo de cientos de miles de personas, se han conseguido importantes avances.

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