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Esperanza para las mujeres de Oriente Medio

En Marruecos, Túnez, Yemen y Palestina muchas mujeres se enfrentan a diario a mentalidades conservadoras que impiden que las mujeres alcancen puestos de poder y restringen su actividad al cuidado de la casa y los hijos. Pero hay esperanza.

Muchas organizaciones locales están apoyando el liderazgo transformador de estas mujeres a través del programa AMAL, que precisamente significa esperanza en árabe.

Hiba Awwad de Ramala  (Palestina) preside el  consejo de estudiantes de su universidad
"En una sociedad dominada por hombres, patriarcal y rural, siempre habrá un miembro controlador de la familia que interfiera en las más básicas decisiones de la mujer" dice Nawal.

Nawal Chahada sabe de lo que habla. Es miembro del consejo local de la Gobernación de Jerusalén. Como mujer, ha tenido que enfrentarse en numerosas ocasiones al rechazo a la presencia femenina en puestos de influencia. Sin embargo, ella no se ha rendido y no quiere que lo haga el resto.

Al igual que Nawal, muchas mujeres en Marruecos, Túnez, Yemen y Palestina se enfrentan a diario a mentalidades conservadoras que  impiden que las mujeres alcancen puestos de poder y restringen su actividad al cuidado de la casa y los hijos. Pero hay esperanza. Muchas organizaciones locales están apoyando el liderazgo transformador de estas mujeres a través del programa AMAL, que precisamente significa esperanza en árabe.

Sin mujeres no hay política

En las pasadas elecciones locales en Marruecos casi 3.000 mujeres fueron elegidas como representantes políticas. Todas ellas tienen algo en común: recibieron formación en AMAL.

Saida Aibithi. Oxfam/Ellie Kealey

“Tras las formaciones, siento que he adquirido una nueva forma de confianza. Creo que puedo conseguir todo lo que me proponga, ahora que sé cómo enfrentarme a las amenazas contra mis derechos”, explica Saida.

Allí, donde tradicionalmente son los hombres los que ocupan los puestos de poder, Saida se ha propuesto cambiar la mentalidad de la gente sobre las mujeres, para que sean más conscientes de sus derechos y sientan el mismo apoyo que ellos.

En los tres años del programa AMAL, un gran cambio ha tenido lugar en Túnez. La nueva Constitución, ratificada en enero de 2014, por primera vez declaró la igualdad de hombres y mujeres y fijó el compromiso de acabar con la violencia contra las mujeres.

Hayat Kebayer fue testigo de este gran acontecimiento. Hacía tiempo que sentía que algo iba mal con la sociedad tunecina y tenía claro que ella tenía que formar parte de un cambio necesario. Hayat, que se había dedicado toda su vida a la banca, decidió unirse a AMAL. Allí, mejoró su capacidad de influencia, sus habilidades comunicativas y fortaleció su posición en el apoyo de los derechos de la mujer. En octubre de 2014 fue elegida miembro del parlamento tunecino, junto con otras cuatro mujeres formadas por AMAL.

Hayat Kebayer  Oxfam/Ellie Kealey

Nunca se imaginó llegar hasta esta posición, pero ahora lo tiene claro: “si las mujeres trabajan juntas, cualquier cambio será posible”, asegura Hayat.

En la casa, también

No solo se busca empoderar a las mujeres en la arena política. “La gente piensa que el lugar de la mujer está en la casa y que los hombres deben ser los encargados de trabajar y sustentar a las familias”, denuncia Rahma al Jawadi desde Túnez.  Por eso, cree que es necesario llevar el cambio a ámbitos más locales, para que las mujeres empiecen a reclamar el hueco que les corresponde en sus comunidades, expresen su opinión en pequeños asuntos y reclamen sus derechos en temas mucho más personales, como puede ser una herencia.

Ese trabajo es especialmente importante en las zonas rurales y marginales, donde las mentalidades son más conservadoras y el rol de la mujer más residual. Lugares como Azmour en Túnez. Allí, trabaja la Ligue des Électrices Tunisiennes (LET), una de las organizaciones locales con las que trabaja Oxfam.

Ahlem Ben Hmed. Oxfam/Ellie Kealey

“Cuando conocí LET descubrí muchas cosas, entendí mis derechos y me enseñaron con quién debía hablar cuando tuviera problemas", cuenta Ahlem Ben Hmed, una granjera que ahora sueña con convertirse en miembro del consejo local.

 

"En las zonas rurales, las mujeres no podíamos hablar. Hasta hoy el hombre era el rey. Teníamos un camino específico y un techo de cristal que nos limitaba. Yo rompí ese techo y ahora todas las mujeres quieren hacerlo", cuenta Rafka El Chakraoui otra participante de LET.

Juntas, las mujeres encontraron un objetivo común para mejorar su comunidad. Querían construir una nueva carretera, ya que el mal estado de la antigua la hacía intransitable cuando llovía e impedía que sus hijos fueran a la escuela. 

Con ese propósito se reunieron con varios líderes políticos locales, parlamentarios e incluso con el Ministro de Asuntos de Mujeres. "Desde que conocí LET no le pido permiso a nadie para hacer lo que quiero, cuando tengo que discutir con alguien lo hago. Ya no soy tímida, ni tengo miedo a los hombres", dice Rafka. "Mi vida es muy diferente, es como si hubiera nacido otra vez. Nos hemos abierto al mundo y podemos enfrentarnos a cualquiera".

La esperanza en cifras

En Marruecos, de las 3.652 potenciales candidatas que fueron formadas por AMAL, 3.332 se presentaron en las elecciones y 2.941 fueron elegidas
Cinco mujeres entrenadas por AMAL fueron elegidas parlamentarias en Túnez
AMAL cuenta con 43.210 beneficiarias directas 132.000 indirectas