info@OxfamIntermon.org | 902 330 331 | 933 780 165

FAQS

Cabecera Avanzadoras. Avanza con ellas. Transforma el mundo.

Huellas que no callan

En Colombia la violencia sexual contra las mujeres es una estrategia de guerra habitual, sistemática y además invisible: aunque afecta a medio millón de colombianas, apenas existen juicios ni condenas. Estas mujeres luchan ahora contra la impunidad, reclaman sus derechos y son las que de verdad construyen una sociedad de justicia, igualdad y paz.
Texto: Ander Izaguirre · Fotos: Pablo Tosco / Oxfam Intermón

LUZ MARINA BERNAL. 54 años. Madres de Soacha

LUZ MARINA BERNAL. 54 años. Madres de Soacha

Leonardo Porras desapareció el 8 de enero de 2008 en la ciudad de Soacha. Ocho meses más tarde, apareció en una fosa común a setecientos kilómetros. A su madre Luz Marina Bernal le dijeron que el chico era jefe de un grupo guerrillero y que había muerto mientras atacaba al Ejército. Pero Leonardo, de 26 años, tenía una discapacidad mental de nacimiento, no sabía leer ni escribir y tenía medio cuerpo paralizado.
Fue uno de los casos que destapó el escándalo de los “falsos positivos”. Miembros del Ejército colombiano engañaban a jóvenes, los trasladaban de un lado a otro del país, los asesinaban y los presentaban vestidos de guerrilleros para simular muertes en combate y conseguir así ascensos y recompensas. Hay denuncias por 4.716 víctimas ejecutadas por las fuerzas públicas de manera extrajudicial en Colombia.
Luz Marina Bernal y otras madres de chicos asesinados de la misma manera formaron el grupo de las diecinueve Madres de Soacha. Exigen juicios, organizan manifestaciones y por ello sufren ataques.
“La impunidad nos enferma, nos mata de tristeza, pero seguimos viviendo para que nuestros hijos no hayan muerto en vano. Al denunciar sus casos, conseguimos salvar muchas otras vidas”, dice Luz Marina.

Exigen juicios, organizan manifestaciones, reciben el apoyo de organismos internacionales de derechos humanos, hacen giras por el mundo denunciando los casos, meten el dedo en llagas muy profundas hasta el corazón del Ejército y el Estado colombiano. Las Madres hacen mucho ruido. Por eso Luz Marina y sus compañeras reciben amenazas de muerte en su propia casa y por eso las vigilan, las persiguen y a veces las atacan por la calle.

LUZ MARINA BERNAL. 54 años. Madres de Soacha

LUZ MARINA BERNAL. 54 años. Madres de Soacha

MARÍA LUCELY DURANGO Madres de la Candelaria
MARÍA LUCELY DURANGO Madres de la CandelariaMARÍA LUCELY DURANGO Madres de la CandelariaMARÍA LUCELY DURANGO Madres de la Candelaria
MARÍA LUCELY DURANGO Madres de la Candelaria
María Lucely Durango es una de las veintisiete mujeres que teje muñecos en el Parque de la Vida de Medellín.Tejen muñecos que representan a sus familiares desaparecidos o asesinados, y las visten con la ropa que llevaban cuando los asesinaron o los hicieron desaparecer. El suyo lleva toga y birrete. Porque a su hijo de 17 años lo asesinaron a los pocos días de graduarse, cuando cruzó sin darse cuenta una de las fronteras invisibles entre las bandas de Medellín.
"Qué hago yo poniéndole las ropas de mi hijo a un muñeco, si debería estar poniéndoselas a él", dice Durango.

Tejer el primer muñeco es una prueba muy dura. Poco a poco tejen el duelo, tejen una memoria más soportable, tejen y hablan, tejen y se escuchan, tejen y crean proyectos de justicia y memoria.

OLGA NEICY GÓMEZ Vamos mujer
Olga Neicy Gómez y sus compañeras vivían un espanto mudo: en una región azotada por el conflicto, las mujeres sufrían una violencia brutal de la que nunca se decía nada. En todas las familias hay algún actor armado, explica Olga, ya sea un guerrillero, un paramilitar, un soldado. Y los ataques y las represalias caen a menudo sobre ellas, como objetivos indirectos pero víctimas en carne viva: violaciones, torturas, asesinatos.
"Hemos resistido a la violencia", dice Olga.

OLGA NEICY GÓMEZ Vamos mujer

De esos crímenes no se hablaba. Por temor a las represalias y por el silencio que se extiende en el caso de la violencia sexual, ejercida por extraños pero también por familiares.
Las militantes de Vamos Mujer rompieron el silencio. Se manifestaron vestidas de negro, organizaron marchas, escribieron comunicados y denunciaron la impunidad de sus agresores. También se reunieron para contar sus casos, para “soltar todo ese dolor represado”, para apoyarse, incluso para poner en marcha proyectos de agricultura, proyectos de una nueva vida más autónoma y más libre.

ANA SECUE Líder indígena nasa
ANA SECUE Líder indígena nasa
Ana Secue fue tres veces gobernadora de la reserva indígena Huellas Caloto, en el valle del Cauca. Los nasas viven en un territorio azotado por los combates entre las guerrillas y el Ejército, plagada de cultivos de coca y marihuana, surcada por las rutas del narcotráfico. En sus tierras se entrelazan todas las violencias de Colombia.
En 2002 los pueblos originarios del valle del Cauca organizaron la asombrosa Guardia Indígena: unos cuerpos de paz, formados por hombres, mujeres, niños, niñas, ancianos y ancianas, que recorren el territorio para encararse con los combatientes y expulsarlos. Su única arma es un bastón tradicional: el símbolo de la autoridad moral de los indígenas.
"En nuestras tierras no queremos guerrilleros, ni paramilitares ni soldados ni nada", dice Secue.

“Nos atacan por todas partes”, dice Secue. En medio de atentados, combates y matanzas, los indígenas desarrollaron con éxito unos impresionantes actos de resistencia pacífica. “Ellos tienen bombas y artillería. Nosotros tenemos la rabia y la razón”, dice Secue.
Marzo 2014

OLGA NEICY GÓMEZ Vamos mujer

Violencia sexual: generalizada, sistemática, impune

La violencia sexual contra las mujeres la practican todos los grupos armados de Colombia, tanto los ilegales como los legales. Así lo sentenció la Corte Constitucional en 2008.

La violencia sexual contra las mujeres es una estrategia de guerra. Así lo detalló el Centro Nacional de Memoria Histórica, en 2012. Se utiliza para destruir a las mujeres líderes, a las que encabezan movimientos políticos, comunidades indígenas, asociaciones de víctimas, organizaciones de derechos humanos, a cualquiera que se enfrente a los paramilitares, las guerrillas o incluso las fuerzas públicas.

Y la violencia sexual contra las mujeres queda impune. Entre 2001 y 2009, 489.687 colombianas padecieron estos ataques dentro del conflicto armado, según un estudio de Oxfam-Intermón y la Casa de la Mujer. La Corte Constitucional seleccionó 183 casos de violencia sexual, los más graves y evidentes, y ordenó a la Fiscalía que los investigara de manera prioritaria. Al cabo de cinco años, este es el resultado: tres sentencias.

La violencia cotidiana es muchísimo más abundante, pero el estudio solo enumera casos relacionados con la guerra: violación, prostitución forzada, embarazo forzado, aborto forzado, esterilización forzada, acoso sexual, servicios domésticos forzados y regulación de la vida social.

El 82% de las víctimas no los denunciaron, por temor a represalias y por una desconfianza profunda en las instituciones, que no investigan, se resisten a atender estas denuncias, cuestionan a las víctimas y no les proporcionan apoyo. Las que sí dieron el paso ven ahora cómo sus denuncias acumulan telarañas. La Corte Constitucional seleccionó 183 casos de violencia sexual, los más graves y evidentes, y ordenó a la Fiscalía que los investigara de manera prioritaria. Al cabo de cinco años, este es el resultado: tres sentencias.

Documental: Huellas que no callan

Más de 50 años de conflicto armado en Colombia donde las mujeres han sido las víctimas más silenciadas. El hijo de Luz Marina Vernal fue secuestrado y asesinado extrajudicialmente por el ejército colombiano, Ana Secue es lidereza indígena que lucha contra los actores armados por el derecho a su tierra, Maria Lucely Durango perdió a su hijo cuando los narcos de la comuna 13 en Medellín lo asesinaron y Olga Neicy Gómez representa a mujeres afrocolombianas víctimas de violaciones y desplazamientos.

Un recorrido testimonial por la historia y la lucha de estas mujeres en un contexto donde la violencia es la dinámica cotidiana de la resolución de todos los conflictos. Dar cuenta de la diversidad de violaciones a la que está sometida la mujer urbana, afrocolombiana e indígena en colombia.

Necesitamos tu compromiso. Súmate a Avanzadoras