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María José Díaz Reyes cambia estereotipos entre la juventud de Nicaragua

Al frente de su organización, María José Díaz apuesta por cambiar las mentalidades y las creencias que discriminan a las mujeres. (c)Mathieu Gagnon

La juventud es fuerza, pasión, ideales y cambio. María José es todo ello y más. Es la esperanza de un futuro diferente, de una nueva generación que está construyendo otra Nicaragua, donde las mujeres, y también los hombres, puedan convivir en igualdad e condiciones.

Tiene 29 años y vive en Chinandega, una pequeña ciudad en el occidente del país, cerca del mar y de la frontera con Honduras. Es la nueva directora ejecutiva de Asodel, una organización de desarrollo local que tiene entre sus pilares el trabajo con gente joven (coordina ocho redes de jóvenes de todo el departamento de Chinandega). Muy alegre, reivindica el amor como principal forma de vida y pese a su juventud puede decir que cuenta con 20 años de experiencia como activista. Siendo niña, llegó a su escuela un movimiento infantil, el Luis Alfonso Velásquez Flores, que atendía a niños y niñas en situación de riesgo, que era como decir prácticamente todos y todas. Para ella, organizarse fue un soplo de aire puro, el descubrimiento de nuevas ideas y de un mundo sin violencia, un mundo diferente al que le ofrecía su barrio, inseguro, con problemas de alcoholismo y prostitución infantil, aún a día de hoy. Y un mundo diferente también al de su mamá, inmersa en una relación complicada con un hombre que aparecía y desaparecía, que la pegaba y la engañaba.

Desde muy joven María José se proclamó una mujer en construcción, capaz de cambiar. Empezó a cuestionar el modelo patriarcal en el que se había criado e invitó a otras mujeres a cambiar con ella. Su forma de pensar fue evolucionando, y si bien antes pedía que cesara la violencia contra las mujeres, ahora pide que cese todo tipo de violencia. Para ella, los hombres también son víctimas del patriarcado, de un modelo de varón fuerte que provee, que ha convertido a muchos de ellos en “discapacitados emocionales”, incapaces de gestionar sus sentimientos, de llorar, de tratar con respeto a la mujer que aman. Ellos también son víctimas, que se convierten después en victimarios. 

"Antes pedía que cesara la violencia contra las mujeres. Ahora pido que cese todo tipo de violencia"
"Para lograr grandes cambios primero cada uno tiene que cambiar en sí mismo, y luego trabajar para lograr el cambio colectivo"
LAS CIFRAS

En Nicaragua, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual en su vida.

El 70% de la población de Nicaragua tiene menos de 30 años. 

Por ello, desde Asodel, además de trabajar con mujeres jóvenes en los debates sobre derechos sexuales y reproductivos, realizan talleres con varones jóvenes para que aprendan a expresar sus sentimientos y a desnaturalizar "el ser hombre". También realizan campañas de denuncia y sensibilización en redes sociales contra las deficientes políticas públicas de educación y salud, que siguen transmitiendo mensajes patriarcales y poniendo trabas para el acceso, por ejemplo, a métodos anticonceptivos. Además, realizan formaciones con los padres de los jóvenes para que entiendan en qué consiste el activismo de sus hijos e hijas: “Problemas complejos como la violencia requieren procesos que sumen".

María José considera que la generación actual de jóvenes nicaragüenses está dando cambios sustanciales en la manera de hacer activismo, de promover cambios y en las demandas al sistema político. Estos jóvenes organizados son decisivos  en un país donde el 70% de la población tiene menos de 30 años.

Su éxito personal es haber tomado el timón de su vida y cambiado los esterotipos sobre cómo debe ser una mujer en la familia. En ese sentido, una de las mayores alegrías de su vida fue ver que su mamá tomaba una decisión que solo podía ser suya: después de 16 años de dolor, se separó y por fin pudo quererse a sí misma. 

Para saber más

María José Díaz es la presidenta de Asodel, organización no gubernamental que fortalece las capacidades ciudadanas de los jóvenes para el desarrollo local en Chinandega, en el norte de Nicaragua. Además de apostar por la participación ciudadana en asuntos públicos, también promueve el empoderamiento personal para que se reconozcan los derechos de las personas jóvenes, se identifiquen capacidades individuales y colectivas y se cuestionen los sistemas de poder que promueven las desigualdades.

 

 

 

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