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Niyotara Fainés, tras años en un campo de refugiados hoy es un referente para su comunidad

Tras volver del campo de refugiados, Niyotara Fainés pudo hacer frente a la erosión y a la escasez de tierras en Burundi gracias a la formación en técnicas agrícolas que recibió. (c) Pablo Tosco

La guerra, como un lobo, merodeaba cerca, y Niyotara sabía que era cuestión de tiempo que los encontrara, como había hecho con sus hermanos y hermanas, a los que no volvería a ver. Había que tomar una decisión y rápido, cuanto antes. En su hogar, en la colina de Muyange, en Burundi, lo dejaron todo sin saber si seguirían allí a su regreso. Aunque ni siquiera sabían si regresarían. Fueron dos días de marcha, un camino largo y peligroso durante el que oyeron los tiros de cerca. Los que se perdieron, nunca regresaron. Niyotara y su familia tuvieron suerte, podrían pasar los siguientes años en un campo de refugiados en Tanzania

Cambiar siempre es difícil y a veces los cambios no se eligen. Niyotara, sin duda, no eligió ser refugiada. No eligió vivir en un campo en el que las mujeres no debían ir solas a ningún sitio por miedo a las violaciones ni eligió tener que esperar hasta 2004 para volver a su casa por culpa de la guerra civil que asoló su país entre 1993 y 2005. Pero sí eligió volver y eso fue el punto de partida para todo lo que vino después. 

Cuando regresaron sólo encontraron los restos de las paredes de ladrillo de su casa, todo lo demás había desaparecido. Otra vez empezar de cero. Poco a poco recuperaron parte de la vida que llevaban antes de la guerra. Pero la tierra se había vuelto infértil por la erosión y los incendios y no producía lo suficiente. En realidad, nunca había producido lo suficiente. Un día, llegaron unos técnicos agrónomos de Oxfam a la colina y les propusieron mejorar la productividad de sus parcelas. Esta era una buena oportunidad, un cambio, opcional esta vez. Y Niyotara dijo sí, aunque a veces estos cambios que no vienen impuestos puedan ser los más difíciles de afrontar. Pronto destacó por su implicación y desde la organización obsequiaron su esfuerzo con una vaca.  

Su vida ahora es muy diferente. Con lo que produce puede alimentar perfectamente a toda su familia. Además, la leche de la vaca permite que sus hijos estén bien alimentados, con el excedente que vende puede pagar fácilmente su escolarización y con el abono orgánico fertiliza sus tierras. Las demás mujeres la ven como un ejemplo y la han elegido para representarlas. Niyotara forma parte de un comité en la escuela local que supervisa la correcta alimentación de los niños y niñas y además ayuda a resolver conflictos de tierras y en los hogares. Siempre está dispuesta a aprender cómo puede mejorar el rendimiento de sus tierras e incluso viaja a otras provincias del país para mejorar sus capacidades. Ahora que hay paz, mira al futuro y planifica cambios y proyectos para su comunidad, como la construcción de pozos para que haya agua potable, mejoras en las viviendas... Para sí también sueña y quiere conseguir una moto para poder desplazarse y contar a otras mujeres que el cambio es posible. Ahora sí. 

"Al volver del campo de refugiados, nos dieron algunos alimentos, colchones y sábanas. Cuando llegamos lo utilizamos para cobijarnos. Comenzaba una nueva vida" 
"Tener una vaca en mi cercado es una gran ventaja. Con la venta de la leche y el excedente de la cosecha puedo pagar la escolarización de mis hijos"
LAS CIFRAS

El 68% de la población de Burundi vive por debajo del umbral de la pobreza y el 72% sufre inseguridad alimentaria.

El sector agrícola en Burundi concentra el 90% de la mano de obra y supone el 90% de los ingresos por exportación. 

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