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27/10/2026

El 0,1% más rico contamina más que casi la mitad de la humanidad, mientras se beneficia de los desastres climáticos que provoca

Una persona del 0,1% más rico ha contribuido casi 400 veces más a las olas de calor extremas que una persona de la mitad más pobre de la humanidad.


La investigación de Oxfam Intermón muestra que, mientras los superricos generan una parte desproporcionada de las emisiones de carbono, la población que menos contamina sufre las peores consecuencias de las inundaciones, los incendios y las hambrunas.


El nuevo índice “Destruir y Reconstruir” de Oxfam Intermón muestra cómo los grandes inversores que destinan su dinero a los combustibles fósiles y otras industrias muy contaminantes también se benefician de la preparación y la recuperación ante los desastres.


La organización pide a los gobiernos que hagan pagar a quienes más contaminan y pongan fin a la especulación climática
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El nuevo estudio de Oxfam revela que los más ricos también están sacando tajada del sufrimiento ligado a la crisis climática, ya que se están lucrando enormemente de los astronómicos precios de los alimentos y de los desastres 

El 0,1 % más rico del mundo (8 millones de personas) genera más emisiones de carbono que los 3.500 millones de personas más pobres del planeta juntas, según un nuevo análisis de Oxfam Intermón. Publicado antes de la cumbre climática de la ONU (COP31), que se celebra en Turquía, el informe muestra cómo los superricos están agravando la crisis climática con sus desmesuradas emisiones, mientras se protegen de sus consecuencias y, cada vez más, se benefician de la destrucción.

 

Una persona que pertenece al 0,1 % más rico ha contribuido casi 400 veces más a las actuales olas de calor extremas que una persona de la mitad más pobre de la humanidad. En conjunto, ese pequeño grupo genera más del triple de emisiones de carbono que toda la población del África subsahariana (1.300 millones de personas).

 

“Quienes menos han contribuido a provocar la crisis climática están perdiendo sus hogares, sus cosechas y sus vidas. Mientras tanto, los superricos pueden protegerse de sus impactos a la vez que se benefician de las consecuencias de sus emisiones y hacen negocio de la recuperación. En la crisis climática no estamos todas en el mismo barco”, afirma Sofía del Valle, responsable de Justicia Climática de Oxfam Intermón.

Oxfam Intermón ha combinado datos sobre la desigualdad en las emisiones de carbono con modelos avanzados de atribución climática y ha llegado a las siguientes conclusiones:

 

  • El 1 % más rico es responsable del 20 % del calentamiento global desde 1990. Por persona su contribución es 100 veces mayor que alguien de la mitad más pobre de la humanidad.
  • Las emisiones de un solo año del 1% más rico provocarán 1,9 millones de muertes adicionales relacionadas con el calor. El 78 % se producirán en países de renta baja y media-baja, pese a que estos países solo son responsables del 8 % de las emisiones globales.
  • Las emisiones del 1 % más rico causarán daños por valor de casi 53 billones de dólares para 2050

 

La aviación privada, al alcance solo de las personas más ricas, es uno de los ejemplos más claros de la enorme desigualdad en las emisiones de carbono. El nuevo análisis de Oxfam Intermón, basado en datos de seguimiento de aviones privados, revela que, en solo dos segundos, el conjunto de los aviones privados emite más carbono que una persona de la mitad más pobre de la humanidad en todo un año.

 

Aunque los superricos son responsables de una parte desproporcionada de las emisiones de carbono, la población que menos contamina sufre las peores consecuencias de inundaciones, incendios y hambrunas. Los superricos pueden protegerse con seguros privados y viviendas en lugares más seguros y frescos. Para muchas otras personas, las catástrofes climáticas suponen perder su hogar, sus cosechas, sus ahorros o sus medios de vida. Estas pérdidas las dejan aún más expuestas ante el siguiente desastre y agravan las desigualdades que ya las hacía mucho más vulnerables. De aquí a 2050, hasta 1.000 millones de personas (alrededor del 10 % de la población mundial) podrían verse desplazadas por la crisis climática, en la mayoría en el sur global.

 

En España los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, incendios e inundaciones, son cada vez más intensos y recurrentes. Justo cuando se cumplen dos años de la DANA que dejó un rastro devastador en más de cien municipios valencianos, Oxfam Intermón recuerda que tras su paso se evidenció el impacto desigual de la crisis climática: los hogares con menos recursos, las mujeres, las personas mayores y las comunidades migrantes fueron quienes más sufrieron sus consecuencias. Son también quienes cuentan con menos recursos y apoyo institucional y los que más tardan en recuperarse de este tipo de impactos en cualquier parte del mundo, también en España.

 

El informe de Oxfam Intermón también muestra que las catástrofes climáticas se han convertido en un negocio cada vez más lucrativo. Se prevé que el mercado mundial de la recuperación tras catástrofes pase de 70.000 millones a 92.000 millones de dólares anuales de aquí a 2029.

El nuevo índice “Destroy & Rebuild” (en español, “Destruir y Reconstruir”) de la organización identifica 217 empresas con actividad tanto en sectores que contribuyen a la crisis climática como en la preparación, recuperación y reconstrucción ante catástrofes.

 

BlackRock y Vanguard invierten en el 92 % de las empresas incluidas en el índice. Sus inversiones conjuntas superan el billón de dólares.

 

El informe también advierte de que las catástrofes climáticas se aprovechan cada vez más para impulsar políticas que agravan la desigualdad, como la privatización de la acción climática y de los servicios públicos, el acaparamiento de tierras, la desregulación y las ventajas fiscales para los más ricos. El resultado es un círculo vicioso de injusticia: las muertes por inundaciones son siete veces mayores en los países con mayor desigualdad.

 

“Los superricos están contaminando el planeta y el resto sufrimos las consecuencias”, afirma del Valle. “Se benefician de la contaminación y se benefician del desastre”.

 

Oxfam Intermón insta a los gobiernos reunidos en la COP31 a:

 

  • Hacer que quienes más contaminan paguen para reducir de forma significativa y rápida sus emisiones de carbono, entre otras medidas, mediante un impuesto permanente a las empresas de combustibles fósiles e impuestos permanentes sobre el patrimonio y la renta, así como también sobre artículos de lujo que generan altas emisiones, como los aviones privados.

  • Aumentar sustancialmente la financiación climática para el sur global, dando prioridad a la financiación pública basada en subvenciones en lugar de a préstamos que agravan la deuda. La cantidad destinada a la adaptación debería triplicarse para 2035.

  • Reducir radicalmente la desigualdad dentro de los países y entre ellos, mediante infraestructuras y servicios públicos resilientes al clima.

  • Poner fin a la especulación con las catástrofes climáticas. Los gobiernos deben poner freno al poder excesivo de las grandes empresas y garantizar que la respuesta a emergencias y la reconstrucción priorice las necesidades de las personas por encima de los beneficios empresariales.
  • Impulsar una política ambiciosa de adaptación al cambio climático en España, para proteger a las personas más vulnerables y reducir las desigualdades.

  • Implementar un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las empresas de combustibles fósiles, que desincentive las emisiones y genere recursos para reforzar las finanzas y servicios públicos para apoyar a los hogares más afectados por el cambio climático y el alza del coste de la vida.



En España,
ante las próximas elecciones generales, Oxfam Intermón reclama a todas las fuerzas políticas que incorporen la justicia climática a sus compromisos para la próxima legislatura. Entre sus propuestas, destacan:

  • Impulsar una política ambiciosa de adaptación al cambio climático en España, para proteger a las personas más vulnerables y reducir las desigualdades.

  • Implementar un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las empresas de combustibles fósiles, que desincentive las emisiones y genere recursos para reforzar las finanzas y servicios públicos para apoyar a los hogares más afectados por el cambio climático y el alza del coste de la vida.

 

Notas para la edición:

JÚLIA SERRAMITJANA CASANOVAS

Periodista - Departamento de Comunicación