Pide al Gobierno que incremente los fondos destinados a la ayuda humanitaria
16/06/2026

Oxfam Intermón advierte que la magnitud del brote de ébola probablemente está subestimada

La organización advierte que solo el 20% de la población en la provincia de Ituri tiene acceso a agua limpia y solo uno de cada cinco centros de salud tiene suficiente.

 

La respuesta humanitaria sigue rezagada un mes después del mayor brote de ébola de Bundibugyo registrado hasta la fecha.

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 Foto: Azaria Muhongya / Oxfam Intermón 

 

Solo uno de cada cinco centros de salud en Ituri, uno de los epicentros del brote de ébola en la República Democrática del Congo (RDC), tiene acceso suficiente a agua potable, según nuevos datos de Oxfam Intermón. Los hallazgos generan una preocupación urgente por la propagación del virus del ébola de Bundibugyo —ya que el acceso al agua limpia sigue siendo la primera línea de defensa contra la transmisión— y aumentan el temor de que la verdadera magnitud del brote esté siendo subestimada.

 

Los datos recopilados sobre el terreno por Oxfam Intermón muestran que en Mongbwalo, una ciudad de casi 140.000 habitantes y uno de los epicentros del brote en la provincia de Ituri, solo el 20 % de la población tiene acceso a agua potable, mientras que apenas el 25 % dispone de infraestructura funcional de saneamiento e higiene. Muchas familias se ven obligadas a utilizar agua contaminada por residuos químicos procedentes de actividades mineras.

 

Estos hallazgos ponen de relieve una crisis más amplia en toda la provincia de Ituri: fuentes de agua contaminadas, infraestructura de lavado de manos colapsada y centros de salud que luchan por eliminar de forma segura los residuos infecciosos, mientras que muchos trabajadores de primera línea siguen careciendo de equipos básicos de protección. El colapso casi total de la infraestructura de saneamiento e higiene está dificultando los esfuerzos para contener la propagación del virus.

 

“El agua —la primera y más importante línea de defensa en cualquier emergencia de salud pública— simplemente no está disponible”, dice Manel Rebordosa, Coordinador de Respuesta de Oxfam Intermón en la provincia de Ituri y destinado en el epicentro del brote de ébola en el este de la RDC “Los mineros que trabajan en las zonas cercanas no tienen acceso a baños ni instalaciones para lavarse las manos, y luego regresan a comunidades que ya están luchando contra el virus. Veinte litros de agua limpia cuestan dos dólares. Para la mayoría de las familias de aquí, ese precio está muy por encima de sus posibilidades.”

 

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) han confirmado que este es ya el mayor brote de ébola de Bundibugyo registrado. El Ministerio de Salud de la RDC ha confirmado 763.676 casos y 17.827 muertes en 25 zonas sanitarias, pero Oxfam Intermón advierte que el impacto real probablemente sea mucho mayor. A diferencia del brote de 2018, no existe una vacuna autorizada ni un tratamiento aprobado para la cepa Bundibugyo, lo que convierte al acceso al agua potable y al saneamiento en elementos esenciales para combatir este virus.

 

El rastreo de contactos, piedra angular de cualquier respuesta frente al ébola, ha caído hasta una cobertura de solo el 43 %. Esta cifra está muy por debajo del 79 % registrado un mes después del inicio del brote de 2018-2020 en la misma región.

 

“Un mes después del brote de 2018, el personal sanitario lograba tasas de rastreo de contactos en las que casi ocho de cada diez contactos conocidos eran supervisados con éxito. Hoy, tras la retirada de la financiación estadounidense para la vigilancia epidemiológica y debido a graves déficits de financiación, el rastreo alcanza a menos de la mitad de los contactos. Esa brecha no es solo una estadística; es una realidad dolorosa que permite que el virus se propague sin ser detectado entre las comunidades”, afirma Rebordosa.

 

Con solo 0,2 médicos por cada 1.000 habitantes y más de 70 centros de salud destruidos por el conflicto, las autoridades sanitarias de la RDC tienen dificultades para identificar nuevas infecciones con la rapidez necesaria para interrumpir la transmisión. En Kivu del Norte se están registrando fallecimientos en comunidades antes incluso de que los pacientes sean identificados como casos de ébola. Cada vez más familias cuidan a familiares enfermos en sus hogares, exponiendo sin saberlo a otras personas al virus.

 

La financiación humanitaria mundial destinada a la RDC se ha reducido en un 46 % —de 2.580 millones de dólares en 2024 a 1.400 millones en 2026—, alcanzando el nivel de cobertura más bajo de la última década y obligando a las organizaciones humanitarias a reducir drásticamente sus operaciones. Según el Foro de ONG de la RDC, las organizaciones locales, que suelen ser las principales responsables de la respuesta durante los brotes, han recibido menos del 6 % de la financiación humanitaria reciente.

 

Estos recortes han obligado a las organizaciones a reducir los equipos comunitarios de sensibilización, eliminando un pilar fundamental de la respuesta. Además, la grave escasez de equipos de protección personal, instalaciones de saneamiento e infraestructura de agua potable continúa limitando las operaciones de respuesta, dificultando cada vez más tanto la lucha contra la desinformación como la contención de la propagación del virus.

 

“Cuando desaparecen los equipos comunitarios de sensibilización en los que la población confía, los rumores se propagan más rápido que el virus. La gente ahora teme acudir a los centros de salud, que consideran trampas mortales. Las familias recurren a remedios tradicionales, lo que retrasa el tratamiento y favorece una mayor propagación del virus. Cada día sin financiación cuesta más vidas”, añade Rebordosa.

 

“Llevé a mi hija al hospital cuando vi que tenía fiebre y ahora le están realizando pruebas”, cuenta Tibakanya Mireille, madre de cinco hijos en Ituri “Estamos muy preocupados. Aquí, dos viviendas han sido puestas en cuarentena, y una familia perdió a varios familiares después de cuidar a una persona enferma, lo que provocó que otros también enfermaran. La enfermedad ya ha causado varias muertes en nuestra comunidad de Shari, en Bunia.”

 

Oxfam trabaja junto con sus socios y ha ampliado su respuesta al brote de ébola mediante una intervención inicial de 11,6 millones de dólares durante seis meses para proporcionar agua potable y kits de higiene a 200.000 personas en la provincia de Ituri, además de apoyar actividades de sensibilización lideradas por las comunidades. Sin embargo, esta respuesta sigue estando muy por debajo de lo necesario.

Notas para la edición:

 

Portavoces disponibles en español desde Ituri, este de la RD del Congo.

 

Según la OMS y el Ministerio de Salud Pública de la RDC, la tasa de rastreo de contactos era del 43,2 % el 8 de junio de 2026, frente al 79 % registrado un mes después del inicio del brote de ébola de 2018 en la RDC.

Según el Ministerio de Salud de la RDC, al 13 de junio había 635.782 casos confirmados y 17.827 muertes confirmadas.

 

El brote está causado por una variante poco común del virus del ébola conocida como Bundibugyo, para la que no existen vacunas ni tratamientos aprobados. Según los CDC, el actual brote de Bundibugyo es el mayor de su tipo y el tercer mayor brote de ébola registrado, solo por detrás de la epidemia de ébola de Kivu (2018-2020) en la RDC y de la epidemia de África Occidental (2014-2016).

Las necesidades de financiación humanitaria para la RDC disminuyeron de 2.580 millones de dólares en 2024 a 1.400 millones en 2026, una reducción de casi el 46 %.

 

Según el Conseil National des Fora des ONG Humanitaires et de Développement en RDC (CONAFOHD RDC), menos del 6 % de los recursos destinados a la respuesta frente al ébola se han asignado a organizaciones locales.

 

Según datos del Banco Mundial, la RDC cuenta aproximadamente con 0,2 médicos por cada 1.000 habitantes.

Uganda ha registrado ya 19 casos confirmados de ébola, incluidos ocho nuevos contagios confirmados y dos fallecimientos. Oxfam está proporcionando equipos de protección y apoyando medidas de prevención de infecciones y participación comunitaria.

MARÍA JOSÉ AGEJAS

Periodista - Departamento de Comunicación