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Buscando refugio - Camino - 72 horas en Serbia

CAMINO

SERBIA | ITALIA | GRECIA

Texto: Laura Hurtado · Fotos: Pablo Tosco

Cada día llegan a Serbia, al corazón de la vieja Europa, miles de personas procedentes de lugares tan remotos como Siria, Afganistán o Eritrea. En el mejor de los casos llevan siete días viajando, en el peor varias semanas o incluso meses.

Para llegar hasta aquí han arriesgado su vida y se han puesto en manos de los traficantes de personas. Han cruzado el Mediterráneo, Grecia y Macedonia, han recorrido miles de kilómetros, a veces a pie en medio de la noche y a varios grados bajo cero. Llegan exhaustos, con niños a cuestas, cargando los pocos fardos que aguanta su cuerpo. Muchos llevan días sin dormir, pero no quieren pararse aquí.

Tienen 72 horas para cruzar Serbia. La mayoría lo hará lo más rápido posible. No tienen dinero para quedarse y solo ansían llegar a su destino. Ya están muy cerca.

EL ÉXODO EN PERSPECTIVA

0,1%

de la población de la Unión Europea

120.000

son los que acepta reubicar la Unión Europea

15.000

son los que acepta España.
3 por cada 10.000 habitantes

De 900.000 personas refugiadas y migrantes que han llegado a Europa en 2015

HUIMOS DE LAS BOMBAS

¿POR QUÉ VIENEN?

En el pequeño pueblo fronterizo de Preševo, donde deben registrarse todos los que entran al país por el sur, vemos muchas familias, niños muy pequeños y bastantes ancianos. Hace unos meses aquí llegaban básicamente hombres, y sobre todo jóvenes, pero la tendencia está cambiando, nos dicen desde ACNUR.

Es el caso de Medina que viaja sola con sus cuatro hijos, el menor tiene 6 meses y el mayor 17. Son de Afganistán y hace unas tres semanas que viajan. “Ha sido muy duro, especialmente para los pequeños. No hemos tenido ni un minuto de paz”, cuenta con la mirada perdida. Sus hijos revolotean a su alrededor, gritan, se pelean, lloran, y ella intenta calmarlos, pero se nota que apenas tiene energía.

Fatheh también viaja sola con sus cuatro hijos. A sus 45 años tuvo que huir de Siria y dejar a su marido con su madre, que era demasiado mayor para hacer un viaje tan difícil. “Mi casa y la de mis familiares fueron totalmente destruidas. En toda la zona no quedó nada en pie. Empezamos a movernos de un lugar a otro. Éramos refugiados dentro de Siria, hasta que no quedó ningún sitio a donde ir. Entonces tuvimos que abandonar Siria y nos convertimos en refugiados fuera de Siria. Ahora no tenemos dónde vivir. Aunque la guerra terminara, no podríamos volver”.

Sus lágrimas le impiden seguir el relato.

“Quieren acabar con nosotros, que nos convirtamos en cenizas” Fatheh


Todavía se acuerda de esa masacre. Murieron 21 familiares. Entonces decidió que ya no podía vivir más en su país, Siria. Primero envió a sus dos hijas mayores a Alemania y luego salió ella con el resto de hijos. Su marido no la ha podido acompañar porque tiene que cuidar de su madre. “¿Cómo voy a levantar a mis hijos sin él? Espero que algún día pueda reunirse con nosotros”.

JAMÁS IMAGINÉ QUE SERÍA TAN DURO

¿CÓMO ES EL CAMINO?

Lo peor del viaje es el paso por el Mediterráneo. Todas las personas que entrevistamos cuando llegan a Serbia coinciden. El miedo está en sus ojos cuando lo cuentan. Abdhamid, que viaja con su mujer y sus hijos de 8, 6 y 4 años, se angustia solo con recordarlo:

“Encontramos a unos traficantes que aceptaron ayudarnos a cruzar el Mediterráneo por 1.000 euros por persona. Nos llevaron en coche hasta la costa y prepararon un bote. Nos dijeron que teníamos que tirar lo que llevábamos encima para que hubiera sitio para más personas. Para ellos éramos un negocio. Tiramos la ropa, incluso las medicinas y la documentación. “O lo tiráis todo o os tiramos a vosotros”. Éramos unas 50 personas y había 16 niños, algunos bebés teníamos que levantarlos para que pudieran respirar. Gracias a Dios llegamos bien a Grecia”. Lamentablemente, no todo el mundo puede decir lo mismo.

“El viaje ha sido horrible, pero al menos estamos en tierra de paz” Abdhamid


Hace 5 años que él y su familia están huyendo. “Fuimos de una ciudad a otra, hasta que vimos que escapar dentro de Siria ya no era suficiente”, relata. “Por un lado, estoy contento porque he podido sacar a mis hijos de allí y estamos todos vivos. Ahora ya no se asustan cuando oyen aviones cruzar el cielo. Pero también estoy triste por todo lo que he dejado atrás”.

Este padre de familia y joven empresario, que en su día tuvo un negocio próspero, casa con jardín y dos coches, está completamente abatido. En sus espaldas carga más de 15 días de ruta, con mujer e hijos, superando todo tipo de obstáculos.

“Llegamos a la costa sin nada, todos mojados. Caminamos por las montañas hasta encontrar un pueblo. Allí compramos ropa, comida, agua, y todo estaba carísimo. Tuvimos que dormir en la calle. Finalmente, cogimos un bus hasta Macedonia y allí un tren. Este último tramo lo hicimos entre dos vagones, se veían las vías debajo de nuestros pies. La gente estaba amontonada, con todas las bolsas, había gritos, nervios, los niños lloraban. Pasamos frío y miedo. No era un tren para personas, era un tren para animales”, denuncia.

Abdhamid nos muestra las fotos que hizo con el móvil en el bote, antes de zarpar a Grecia. Los pequeños sonríen a la cámara, inconscientes. Estas fotos se mezclan con las de su casa destruida en Siria.

"Yo tenía un trabajo, una vida feliz. Todo ha desaparecido. Ahora solo me quedan estas fotos y las llaves que me llevé de casa”, lamenta

Casi nada. Las personas refugiadas o migrantes como Abdhamid que han decidido cruzar Europa llevan lo imprescindible. A veces ni eso porque se lo han robado.

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¿Qué llevan los refugiados? Fatheh guarda los papeles que le permiten cruzar Serbia · Abdhamid se llevó las llaves de su casa destruida · Saher trajo frutos secos de Afganistán para aguantar el viaje · Olan tuvo que tirar todo lo que llevaba encima durante una peligrosa travesía por las montañas y se rompió la mano.

SOLO QUEREMOS TENER UNA VIDA NORMAL

¿A DÓNDE VAN?

Por suerte, “en el camino también hemos encontrado buena gente”, asegura Fatheh. “Nos han dado comida, ropa, jabón, toallas, o simplemente información. Eso también es muy importante para nosotros, porque llevamos el dinero justo y no podemos dejar que nos engañen”, sigue esta mujer que solo desea reencontrarse con sus dos hijas mayores que, hace pocos meses, emprendieron el mismo viaje hacia Alemania.

Todavía les queda un largo camino por delante. Normalmente, las personas que viajan tienen algún contacto que ya ha llegado a destino y que les va informando de los cambios que tendrán que ir sorteando. Una frontera que se cierra, un tren que no sale, un nuevo permiso requerido. También puede pasar que alguien se ponga enfermo o que les roben y se queden sin dinero para seguir.

La incertidumbre les acompaña todo el rato. No solo hasta llegar al país de destino sino también cuando tengan que empezar una nueva vida lejos de casa. Ya sea en Alemania o Suecia, que son los países que más suenan, o en Bélgica, Francia o España. Allí tendrán que enfrentarse a otra lengua, otras costumbres, otras leyes.

“Si mi madre supiera todo lo que he pasado no dejaría de llorar” Jahanzeb

En Irán le agredieron con palos, cruzó el desierto sin agua, fue víctima de los traficantes en Turquía y la policía búlgara le robó. “Nunca imaginé que el viaje sería tan duro”, confiesa este chico de 16 años que dejó Afganistán porque se lo pidieron sus padres. “Hemos venido a Europa porque queremos una vida segura. Si no hubiera guerra en mi país no estaríamos aquí”. Quiere ir a Alemania y estudiar ingeniería.

“Solo quiero estar en paz, descansar, encontrar un hogar, tomarme un baño, cocinar, dormir en una cama como una persona normal”, explica Fatheh que hace varias semanas que duerme en autobuses y estaciones de tren. “No venimos por turismo, estamos huyendo de una catástrofe. Solo pedimos que nos reciban con una sonrisa”, concluye. Abdhamid quiere encontrar trabajo. Medina desea que sus hijos puedan volver a la escuela.

Todos quieren una vida normal.

QUÉ HACE OXFAM

Cubrimos las necesidades básicas

  • Instalamos puntos de agua, letrinas y duchas en los puntos fronterizos donde las personas que viajan tienen que registrarse y a veces esperar días enteros.
  • Distribuimos productos de higiene básicos (ropa interior o calcetines) para las personas que están de camino y no tienen tiempo ni recursos para lavarse ni cambiarse.
  • Proporcionamos información para que conozcan las leyes locales y los riesgos que pueden encontrarse en su viaje.

Pedimos a la UE

  • Garantizar que los Estados miembros cumplen con su obligación como firmantes de la Convención Europea de Derechos Humanos de respetar los derechos humanos de todas las personas migrantes, sea cual sea su nacionalidad o el motivo de su huida.
  • Asegurar un tránsito seguro y legal para que personas refugiadas y migrantes no tengan que poner en peligro sus vidas a través de peligrosas rutas o la trata de personas.
  • Procurar que los Estados miembros acogen una cuota justa de refugiados a través de los programas de reasentamiento u otras formas de admisión.
  • Salvar vidas y proteger a los migrantes debe ser la principal prioridad de la política de migración de la UE. Por ello, debe poner más recursos (financieros y humanos) en el Mediterráneo para evitar más muertes y asegurar la asistencia, la protección y una recepción digna de las personas que están llegando a los Balcanes .
  • Cambio de enfoque en la política migratoria y de asilo, centrada actualmente en el control y vigilancia de fronteras.
  • La ayuda al desarrollo no se puede utilizar para limitar el derecho fundamental de la gente a moverse, sino como una herramienta para luchar contra la pobreza y la desigualdad.
  • Actuar sobre las causas de la migración forzada, empujando soluciones políticas a los conflictos y redoblando esfuerzos en la lucha contra la pobreza, la desigualdad y el cambio climático.

Pedimos a los países de tránsito

  • Velar por la protección de los derechos humanos y asegurar vías seguras y legales a las personas que atraviesan sus países.
  • Garantizar asistencia adecuada a las necesidades de los migrantes, incluyendo refugio, servicios sanitarios, alimento y otros bienes para hacer frente al invierno.
  • Asegurar el derecho universal a solicitar asilo, proporcionando información y traductores.